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7 min de lectura 26 de agosto de 2026
RabietasArtículo

Rabietas en niños de 18 a 24 meses: cómo acompañar sin perder la calma

Entender por qué ocurren las rabietas entre los 18 y 24 meses ayuda a responder con calma. Te explicamos cómo acompañar estas emociones intensas sin ceder a la frustración, con estrategias prácticas y señales de alerta para saber cuándo buscar ayuda.

7 min de lectura Publicado: 26 de agosto de 2026

Neşe Aslan

Desarrollo Infantil

Aprobado por expertos
La Ciencia Detrás

Los niños de 18 a 24 meses aún no tienen las herramientas para expresar emociones complejas con palabras. Cuando algo no sale como esperan —un juguete que no funciona, un 'no' que no entienden—, la frustración se convierte en llanto, gritos o pataleos. No es una estrategia para manipular, sino una forma de comunicar una necesidad no satisfecha.

Máscara de Oxígeno

En esos momentos, el papel del adulto no es corregir la conducta, sino acompañar la emoción. Validar lo que siente ('Entiendo que estés enfadado') y ofrecer seguridad ('Estoy aquí contigo') ayuda a que poco a poco aprenda a regularse. Según la Asociación Española de Pediatría, esta respuesta reduce la intensidad de las rabietas a largo plazo.

Qué esperar en esta etapa: señales de que es normal

Entre los 18 y 24 meses, los niños atraviesan una fase de autonomía creciente y frustración acumulada. Su cerebro está desarrollando la capacidad de planificar y controlar impulsos, pero aún no tiene la madurez suficiente para hacerlo de manera consistente. Esto explica por qué pueden pasar de la risa al llanto en segundos.

Según los hitos del desarrollo de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), a esta edad los niños:

  • Empiezan a mostrar preferencias claras (comida, juguetes, personas).
  • Tienen un vocabulario limitado (entre 10 y 50 palabras), lo que dificulta expresar necesidades complejas.
  • Experimentan cambios de humor bruscos debido a la falta de herramientas emocionales.

La terquedad no es un defecto de carácter, sino una consecuencia lógica de su desarrollo. Cuando un niño insiste en hacer algo por sí mismo —aunque le cueste—, está ejercitando su independencia. Según la Asociación Española de Pediatría, negarle sistemáticamente esta autonomía puede aumentar la frustración y, por tanto, las rabietas.

Dos opciones seguras, un límite sereno

Dos alternativas reales permiten participar sin convertir el límite en una pregunta de sí o no.

Sombrero infantil, juguete blando, tarjeta visual y temporizador preparados para terminar el juego
El juego termina; el niño puede elegir qué llevar. La elección es pequeña, concreta y aceptable para el adulto.Producción visual editorial Lumiya España · Lumiya

Estrategias para acompañar sin ceder: el método de las dos opciones

La clave para manejar las rabietas no está en evitar los conflictos, sino en guiar la frustración hacia soluciones manejables. Una técnica efectiva es ofrecer dos opciones limitadas y concretas, ambas aceptables para el adulto. Por ejemplo:

  • En lugar de: '¿Quieres ponerte el abrigo?', di: '¿Prefieres el abrigo rojo o el azul?'.
  • En lugar de: 'Deja el juguete', di: '¿Lo guardamos ahora o en cinco minutos?'.

Este enfoque da al niño un sentido de control sin salirse de los límites necesarios. Según la Asociación Española de Pediatría, esta estrategia reduce la resistencia porque satisface su necesidad de autonomía dentro de un marco seguro.

Límites claros y rutinas predecibles

Los niños de esta edad se sienten más seguros cuando saben qué esperar. Establecer rutinas predecibles —como la hora del baño, la comida o la siesta— les ayuda a anticipar lo que viene y reduce la ansiedad. Si una rutina se altera (por ejemplo, un viaje o una visita inesperada), es más probable que surjan rabietas.

Un error común es ceder ante la rabieta para 'calmarla'. Sin embargo, según la Asociación Española de Pediatría, esto refuerza la conducta indeseada a largo plazo. En su lugar, mantén el límite con calma y reconéctate después: 'Sé que estás enfadado, pero no podemos saltarnos la hora de dormir'.

Marco evolutivo

Una rabieta puede ser la forma del niño de decir: ‘Necesito ayuda con mis emociones grandes.’
NHS Best Start in LifeAdaptación al español

Qué hacer (y qué evitar) durante una rabieta

Cuando la frustración estalla, el objetivo no es 'ganar' la discusión, sino minimizar el daño emocional y enseñar alternativas. Aquí tienes un resumen práctico:

Haz esto Evita esto
Mantén la calma y baja a su altura para hablarle. Gritar o perder los nervios.
Valida su emoción: 'Veo que estás muy enfadado'. Ignorar su frustración o minimizarla ('No es para tanto').
Ofrece un abrazo o contacto físico si lo acepta. Forzar contacto físico si se resiste.
Distráelo con un cambio de actividad suave. Amenazar con castigos o chantajes ('Si no paras, no iremos al parque').

Según la Asociación Española de Pediatría, la validación emocional no significa ceder a sus demandas, sino reconocer su sentir para que se sienta comprendido. Esto reduce la intensidad de la rabieta con el tiempo.

Regular, conectar y después razonar

En plena activación, el niño necesita seguridad y pocas palabras antes de poder aprender.

  1. Regular

    Bajar el tono, asegurar el entorno y nombrar la emoción con sencillez.

  2. Conectar

    Permanecer cerca y ofrecer consuelo sin retirar un límite necesario.

  3. Mantener el límite

    Decir: ‘Puedes enfadarte; no voy a dejar que pegues.’

  4. Enseñar después

    Cuando vuelva la calma, ensayar dos opciones para la próxima transición.

Señales de alerta: cuándo buscar ayuda profesional

No todas las rabietas son iguales. Algunas pueden ser ocasionales y manejables, pero otras requieren atención especializada. Según la Asociación Española de Pediatría, consulta a un pediatra o especialista en desarrollo infantil si observas:

  • Rabietas extremadamente violentas (golpes, mordiscos, autolesiones).
  • Frecuencia inusual (más de 5 al día o que duren más de 15 minutos).
  • Retrocesos en hitos del desarrollo (pérdida de palabras, falta de contacto visual, rechazo al contacto físico).
  • Rabietas acompañadas de otros síntomas como fiebre, dolor o cambios bruscos en el sueño o el apetito.

Si el niño se hace daño a sí mismo o a otros durante las rabietas, o si los episodios son tan intensos que te generan ansiedad o impotencia, busca apoyo profesional. Según la Asociación Española de Pediatría, estos pueden ser indicadores de un problema subyacente que requiere evaluación.

Después de la tormenta: reconectar y aprender

Una vez que la rabieta ha pasado, es el momento de reconstruir la conexión. Evita hablar del incidente en el mismo momento de la frustración; espera a que ambos estén calmados. Puedes decir algo como: 'Cuando estés listo, hablemos de lo que pasó'. Esto enseña al niño que las emociones intensas no rompen la relación.

Según el NHS, los niños aprenden mejor de los adultos que modelan calma y empatía. Si después de una rabieta te disculpas por haber perdido los nervios (sin culpar al niño), le estás enseñando que los errores son parte del aprendizaje.

Recursos útiles para seguir aprendiendo

Si quieres profundizar en cómo acompañar las emociones de tu hijo, estos recursos pueden ser de ayuda:

  • Cómo fomentar la autoestima en niños pequeños (Asociación Española de Pediatría).
  • Guía para padres sobre el desarrollo infantil (Asociación Española de Pediatría).
  • Estrategias para manejar emociones en niños de 1 a 3 años.

En resumen: paciencia, límites y conexión

Las rabietas entre los 18 y 24 meses son una etapa normal del desarrollo, no un fracaso de la crianza. La clave está en acompañar sin ceder, validar sin consentir y establecer límites con firmeza pero sin rigidez. Según la Asociación Española de Pediatría, los niños que crecen en entornos donde se reconocen sus emociones y se les guía con calma desarrollan mayor resiliencia emocional.

Recuerda: no estás educando a un niño perfecto, sino a un niño emocionalmente sano. Cada rabieta superada es un paso más en su aprendizaje para regularse, y cada límite firme le da seguridad en un mundo que aún no entiende del todo.

Si las rabietas se intensifican o incluyen conductas de riesgo, no dudes en buscar apoyo profesional. Tu calma y tu guía son el mejor regalo que puedes darle en esta etapa.

"Aviso de salud: Este contenido se proporciona únicamente con fines informativos generales y no reemplaza el consejo médico, diagnóstico o tratamiento personal. Siempre consulte a un profesional de la salud calificado si tiene alguna pregunta sobre su salud o la de su hijo."

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Resumen rápido

  • Las rabietas son una respuesta normal al desarrollo emocional entre los 18 y 24 meses, no un signo de 'mala conducta'.
  • Ofrecer dos opciones limitadas y mantener rutinas predecibles reduce la frustración en los niños.
  • La calma del adulto es clave: respirar, validar emociones y establecer límites claros evita escalar el conflicto.
  • Busca ayuda profesional si las rabietas son extremas, frecuentes o incluyen autolesiones o agresión hacia otros.

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Nota del experto

Las rabietas en niños pequeños no indican un problema de conducta, pero sí una etapa evolutiva que requiere paciencia y estrategias adaptadas. Si los episodios son intensos, prolongados o incluyen riesgo para el niño o los demás, consulta con un pediatra o especialista en desarrollo infantil.

Neşe Aslan

Desarrollo Infantil

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